Sol Iametti, aferrarse a la palabra cuando todo cae
Cuando todo cae
Cuando todo cae
y aflige
entonces
leer un poema de Audre Lorde
y estudiar el movimiento.
Quedar tendida en la música blanca
de la resiliencia.
Eso es lo que promete hoy:
pendular
sobre la boca de la belleza
perdurar
sobre el anhelo de una voz
que irrumpa en el castillo de la bestia
y rompa el silencio.
Todas en mí dirán:
cristales, cristales, cristales.
Cuando todo cae
y persiste
pienso:
la hiedra de la poesía
es un hecho extraordinario
de este mundo.
Escribir cuando se corta la luz,
escribir con los ojos vendados
y aun así dilucidar los estímulos lumínicos,
la voz de la luciérnaga.
Aun así rozar el agua de la memoria
y con los mismos dedos
de los que nace el placer
llenar el fondo de corales.
Tocar, oler, morder
el silencio
pero no contarlo todo.
Y con los ojos llenos de lágrimas,
con los ojos al nivel del aire susurrando,
dejar
ese aroma a herida
apenas ansioso
apagarse.
Cambiar aquella lengua letal
por la lengua del ámbar.
Cuando todo cae
y hiere:
limpiar las algas.
Pasar
mañanas merodeando la palabra,
manteniendo intacta la melodía mansa
de la nieve cuando cae.
Leer un poema
y quizás,
entonces,
fundar mi primera ciudad,
quizás
reinventar mi nombre.
Recomendaciones
- Sol Iametti ha publicado dos libros, La hija del cambio (Autores de Argentina, 2015) y Aledaña (Autores de Argentina, 2016) y se puede ver su trabajo en la web Todas mis palabras
- Archivo sonoro de la cuarentena
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