Un proyecto que busca combinar Inteligencia Artificial e inteligencia emocional para transformar el fracaso escolar
En el polígono industrial de Lorca, en la Región de Murcia, junto a la autovía dirección Almería y Granada se encuentran las oficinas de Ángel Linares SA. Pasa desapercibida, como una nave más de las muchas empresas que tienen aquí su sede. Sin embargo, en el 2018 recibieron el certificado “Great place to work” y una de las características más repetidas por quienes trabajan aquí es el compañerismo y buen ambiente que hay.
Al entrar al edificio lo primero que llama la atención es un cartel grande donde se leen mensajes positivos y de agradecimiento. Escritas a mano, en la cartulina hay frases como “gracias por la cesta de Navidad” o “gracias a mi familia y mis hijas” y una retahíla de palabras: amor-odio, alegre-triste, viejo-joven (…) Un poco más adelante, otro cartel con normas de comunicación que explican cómo participar en las reuniones, fomentando la escucha activa y respetando el turno de palabra. Parece más la entrada a un espacio social o a un centro educativo que a una de las empresas referentes en la distribución de alimentos congelados en panadería, confitería y restauración, líder de mercado en las provincias de Murcia, Almería y Alicante.
Es una tarde de diciembre de la semana de Navidad y los trabajadores que quedan la saludan al pasar. La zona de trabajo es un espacio diáfano, “esto es horizontal, aquí somos todos iguales” reitera varias veces Reme. En la planta superior, la cocina, una sala para reuniones y el despacho de la fundación. Sobre la mesa, un plato con dulces navideños “los alfajores los he hecho yo”, explica con cierto orgullo, mientras ofrece un café. En la estantería hay un premio que le otorgó la Federación de Organizaciones de Mujeres de Lorca y un cuadro de la fundación Poncemar. También una placa conmemorativa por ser voluntaria honorífica del Teléfono de la Esperanza. Reme es Remedios Sánchez Guerrero, la gerente de la empresa desde 2004, año en que falleció Ángel Linares, su marido, y ella tomó las riendas del negocio familiar que se había iniciado en los años 40. Desde entonces ha ido dejando su huella, apostando por una visión empresarial centrada en crear vínculos con los clientes, los trabajadores y el entorno.
Ahora, con 63 años y recién retirada de la primera línea, es la presidenta del consejo asesor de la empresa y está centrada en los proyectos a desarrollar desde la Fundación Ángel Linares que acaban de crear. Junto a ella, José Bitto Pérez, a cargo de la gestión de la fundación. Ambos explican los pasos que han venido haciendo y las ideas que tienen para el futuro.
“La fundación es un sueño que hace ya mucho tiempo que tengo en mi cabeza”, revela Reme sonriendo. El proyecto en que están trabajando busca utilizar la inteligencia emocional y la Inteligencia Artificial como herramientas para reconducir el fracaso escolar. Una propuesta innovadora y todavía en construcción pero que se basa fundamentalmente en aplicar muchas de las técnicas y conocimientos que vienen desarrollando desde la propia empresa Ángel Linares SA de forma exitosa desde hace años.
Al final, todo supone un cambio de mirada y de enfoque, incluso en el ámbito empresarial, donde lo que se busca es ganar dinero. Uno de los puntos que más destaca es la gestión de los errores, que en la empresa se premian.
Ver que los políticos no se ponen de acuerdo en el ámbito educativo es algo que le produce mucha rabia, explica Reme, porque al final no lo pagan los jóvenes sino toda la sociedad. Esa puede ser una de sus motivaciones, pero también hay una fuerte faceta humana, teniendo de referente a figuras como la Madre Teresa de Calcuta. “Yo desde pequeña siempre quise ser misionera, aunque con mis circunstancias no me he podido ir a ningún sitio (…) pero esas ganas y esa inquietud van a ser así hasta el último día de mi vida”, recalca.
“Yo creo que la fundación va a ser un éxito, porque es un proyecto que enamora. La gente noble lo ve como una oportunidad. Los chavales que quieran volver al sistema, bienvenidos. Y los que quieran poder sacar sus medios por aquí (montar un proyecto, desarrollar una idea de negocio, etc.), pues puede ser una oportunidad para ellos”, repite varias veces Reme. Lo cierto es que, aunque este sea un proyecto dirigido a un perfil muy concreto, es algo que puede beneficiar a todas las personas. La idea de trabajar la inteligencia emocional apoyándose en herramientas como la Inteligencia Artificial es exportable a públicos muy diversos.
Quién mejor que alguien que lleva esa gestión de las emociones por bandera desde hace décadas para llevarla a cabo.
- Sección: Empresas
- Temas: Responsabilidad social, Exclusión social