Esther Pita y la libertad cerca del mar. Cabo de Gata
Huir
Sin pertenencias salvo
el cuerpo que se hereda: la
indispensable prótesis.
Huir.
De otros.
O de la propia sombra cuando adopta
la forma de los otros.
De Corinto a Atenas de
Italia a Tesalia de Fenicia
a Persia y de vuelta a Cólquide
embarcar de nuevo
rumbo a quién sabe dónde
cruzando el Adriático encallar
en las costas de Libia
de Córcega de Ampurias
o del Mar de Alborán.
¡Qué intensa era la luz allí
qué profunda y clara el agua!
En otro tiempo. Otra historia.
¿O es la misma?
¿No son todas acaso la misma historia?
Del Bósforo al Mar de Alborán cuánto dista:
¿unos pocos centímetros en un mapa
unos siglos de errancia
una breve mención en un cuaderno de viaje?
Bien sé que todo lo vivido fue
una estrategia dilatada.
Fui en busca de otros horizontes.
Hice danzar el ego
como un oso drogado con opiáceos
consciente del zarpazo con que
un día
al despertar de su letargo
me mostraría la nada y
en ella
la pena-placenta que la nutre.
Todo círculo es vicioso:
en cualquier punto en el que inicies
el trayecto
te encuentras al final del mismo.
En cualquier punto estás en el inicio.
Recomendaciones
- Puedes ver el trabajo de Esther en su web o en su perfil de Instagram
- Archivo sonoro de la cuarentena
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